Inmunoterapia se abre paso con fuerza

El reconocimiento internacional para la inmunoterapia sacó a la luz los beneficios de un tratamiento que en Chile está tomando vuelo como alternativa o complemento para otras terapias, mientras da muestras de su efectividad.

El Premio Nobel de Medicina otorgado en octubre al estadounidense James Allison y al japonés Tasuku Honjo llevaron la inmunoterapia a otra dimensión. Esta nueva forma de combatir el cáncer que viene ganando adeptos en países desarrollados, prolongando la sobrevida de los pacientes de cáncer de pulmón, melanoma y varios tipos en fase metastásica, también ha logrado abrirse paso en Chile con más fuerza que otras terapias, aunque de forma paulatina y como alternativa o complemento de los métodos tradicionales.

“Lo que estamos viendo ahora con esto es sólo el comienzo. De aquí en adelante queda cualquier cantidad de trabajo por hacer, pero me atrevo a decir que si los resultados de los estudios siguen sorprendiéndonos de tal manera, en algunos años los pacientes oncológicos podrán llegar a ser inmortales y el cáncer podrá considerarse como una enfermedad crónica”, dijo el bioquímico chileno Sergio Quezada, jefe del departamento de Inmunología en el Cancer Institute del University College London, durante un encuentro regional de Inmuno-Oncología, realizado en Santiago en septiembre.

En ese momento, la noticia del Nobel aún no se conocía. En el gremio sospechaban que algún reconocimiento de esta talla llegaría tarde o temprano, sobre todo Quezada, quien vive en Inglaterra tras pasar seis años en el laboratorio de Allison en Estados Unidos. Ahí llegó cuando el científico llevaba un tiempo estudiando la proteína CTLA-4, que funciona como freno de las llamadas células T, claves en el sistema inmunológico.

“Lo que Jim ha hecho para contribuir al entendimiento de cómo se regula la respuesta inmunológica al cáncer y cómo se puede manipular esa regulación para inducir control y rechazar los tumores, es algo único”, señaló.

Recorrido local

“La inmunoterapia que nosotros estamos aplicando permite que los anticuerpos monoclonales desbloqueen al linfocito T para que este actúe. Al actuar, hará su trabajo habitual, que consiste en desplegar la batalla de la inmunidad contra todas las cosas que nos agreden, sean bacterias, virus o células tumorales”, explica Osvaldo Arén, director ejecutivo del centro de investigación Bradford Hill.

Lo que propone esta terapia es administrar por vía intravenosa una combinación de anticuerpos monoclonales que entrenan al sistema inmune para que aprenda a reconocer a las evasivas células cancerosas y sus técnicas de propagación, atacándolas apenas las detecta.

Pero su éxito y furor se debe a los resultados, señala Arén. Un ejemplo reciente está en las conclusiones del estudio CA209-003 en su primera fase, publicadas en el Journal of Clinical Oncology, para dar cuenta del seguimiento de cinco años a pacientes que reciben inmunoterapia para el cáncer de pulmón de células no pequeñas en estado avanzado, previamente tratado con métodos tradicionales.

“Es fantástico saber que 16% de los pacientes están vivos a cinco años, después de varias líneas de quimioterapia. Sobre todo porque realmente en este tipo de cáncer la sobrevida era de muy pocos meses”, dice Arén respecto a ese estudio, cuyo fármaco protagonista fue el nivolumab, aprobado en 2015 por la FDA.

En Chile, desde hace varios años es la primera línea de tratamiento en algunos tipos de cáncer y su uso está aprobado por el Instituto de Salud Pública. “El país ha puesto su granito de arena en casi todas las últimas indicaciones de tratamiento de inmunoterapia para cáncer de pulmón y también para melanoma, riñón, cabeza y cuello”, sostiene Arén.

En los estudios llevados a cabo en el centro que dirige hay pacientes diagnosticados con cáncer de pulmón en etapa 4 que han ido respondiendo favorablemente al tratamiento con nivolumab. “Hemos visto que estos pacientes han tenido respuesta completa de su enfermedad y han estado libres de cáncer por mucho tiempo, algo que jamás vimos antes”, asegura el director del Bradford Hill.

Pero aclara que no es un tratamiento aplicable a todos, pues depende del tipo y de la fase de la enfermedad. Hay un grupo de pacientes que recibe sólo inmunoterapia, hay otro que por razones clínicas sigue sólo con quimioterapia y otro que recibe inmunoterapia combinada con quimio.

Al respecto, el presidente de la Sociedad Chilena de Medicina Regenerativa y Terapia Celular (Sochimreg), Raúl Ríos, destaca que, según estudios recientes, al combatir el cáncer de pulmón con inmunoterapia y quimioterapia conjuntas, se puede reducir en 50% el riesgo de muerte.

Uno de los desafíos es profundizar el desarrollo local. Según el oncólogo de la Universidad de Chile y jefe de la Unidad de Medicina Oncológica del Instituto Nacional del Tórax, Dr. Francisco Javier Orlandi, “en el país se está realizando, colaborativamente, investigación sobre el mejor uso de los inhibidores de checkpoints inmunitarios (ICI) en cáncer pulmonar”. Sin embargo, advierte que todavía falta para estar a la altura de los países de la OCDE.

“En Chile, 0,5% del PIB es usado en alguna investigación. En países comparables, esto es siete veces mayor”, alerta.

Obstáculos para seguir avanzando

El factor económico es el gran obstáculo al que se enfrentan los pacientes. Es una terapia costosa, que trae gastos de más de US$ 100.000 al año, calculan los médicos. “Eso hace que su acceso sea complejo por ahora no sólo en Chile sino en muchos otros países”, dice Osvaldo Arén, de Bradford Hill.

Para el oncólogo médico del Instituto Nacional del Cáncer (INC), José Luis Leal, pese al acceso que han tenido beneficiarios de Fonasa, gracias a estudios financiados por compañías farmacéuticas, queda mucho por hacer respecto a las políticas de salud nacional y cobertura general.

“Primero hay que partir por tener buena cobertura para lo más básico, como la quimioterapia, la radioterapia, la cirugía y acceso a imágenes. Por eso, en este momento, lamentablemente uno de los grandes problemas de la inmunoterapia es el costo, que al parecer es inabordable para nuestro sistema de salud”, asevera.

A juicio de el bioquímico Sergio Quezada, el mayor uso de estas terapias llevará a que bajen los precios, debido a la masificación. “Eso hará que al final los mercados terminen por regularse”, dice y comenta que en el caso de Inglaterra, donde la salud es financiada por el Estado, el Instituto Nacional de Salud y Excelencia Clínica (NICE, por sus siglas en inglés) evalúa “el costo-beneficio de las drogas que presentan las farmacéuticas, luego entran en una negociación privada y ahí acuerdan un precio que sea pagable por el Estado pero que también beneficie a quienes las hacen”.

Para Arén, Chile debería mirar este ejemplo para abordar el complejo tema del acceso. “Hay que ver alternativas, todas las que se puedan, y concientizar a la clase política de que es necesario hacer algo porque esta terapia vino para quedarse”, concluye.

2018-11-09T13:54:20+00:00